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Recetas México

05.06.08

Permalink 13:22:06, por Arroba Mujer Email , 541 palabras, 539 views  
Categorias: Editorial

Las culpas de ser madres

Hoy me olvidé de una reunión en el colegio de mis hijos. En realidad me confundí de día y fui la semana pasada, cuando no era, y falté hoy, cuando sí era. Obviamente la culpa se hizo espacio en mi ánimo y comencé a señalar cada una de las veces que por alguna razón, casi siempre laboral, postergaba u olvidaba algo relacionado con mis hijos. Por suerte andaba cerca una amiga, de esas que nunca deben faltar, que me hizo reflexionar y ver, como se dice comúnmente, la mitad del vaso medio llena y no la medio vacía. Es decir, esas ocasiones en las que era posible coordinar la visita al pediatra en medio de una junta, u organizar un cumpleaños desde otro país, o llegar a tiempo a la reunión por el día de la madre y de tailleur hacer un nidito con barro, pasarlos a buscar por la escuela, preparar las viandas todas las noches, en fin, pequeñas cosas que demuestran que al final de cuentas y a pesar de algunos debes, se es aún una madre presente.

De todas formas creo que la culpa es el estigma de las mujeres y madres de hoy. La reunión era con padre y madre, pero dudo que mi marido se este cuestionando el no haberse acordado, y eso no lo hace un mal padre.

¿Por qué la culpa? ¿Qué tan arraigado tenemos ese sentimiento, que persiste, aunque muchos ya somos hijos de madres que trabajaron fuera de casa?.

¿Por qué la culpa viene asociada al mal o buen cumplimiento de un rol? No es el ir o no ir a una reunión lo que hace a uno mal o buen padre; es mucho más profunda y compleja que realizar o no una acción la calificación, pero sin duda que son esas actitudes: “el faltar, el no estar”, los disparadores para la culpa inmediata.

Pero, ¿cómo manejar un sentimiento que parece tan visceral e intrínsecamente ligado al ser mujer y madre? Parto del supuesto que el ser buenos o malos, en una de las tareas que considero mas importantes de la vida como ser padres, es un cuestionamiento constante y que la culpa va ligada a ese meridaje. No me corresponde a mi analizar el tema ya que no tengo las herramientas necesarias mas allá de lo que pueda vivir personalmente, el análisis lo dejo a los profesionales, pero si me gustaria compartir con ustedes qué contestaron mis hijos (de 9 y 8 años) cuando les pregunte “qué era para ellos una buena madre”?.

“Alguien que te hace mimos”
“Que te quiere”
“Alguien que se preocupa”
“Que te da besos cuando te vas a la cama”
“Que te saca los piojos”
“Que te saca a pasear”
“La mejor mamá es la que te deja jugar horas al Play Station”
“La que lee cuentos”
“Bueno mami, no sé que más…”

En fin, me divertí mucho escuchándolos y como verán en ningún lado aplica el ir a las reuniones del colegio…esa obligación pasa por otro lado y la culpa ahí no es con mis hijos sino con la maestra.

20.05.08

Permalink 19:06:24, por Arroba Mujer Email , 1104 palabras, 131 views  
Categorias: Género

Cuando el líder es ella

La revolución feminista fue un invento más del machismo. Suena extraño, pero los que así lo creen argumentan que las mujeres modernas lejos de ser más independientes que sus antecesoras, sólo han sumado nuevas tareas a su agenda diaria. Millones de mujeres desde mediados del siglo pasado y lo que va de éste han logrado profesionalizarse, salir de casa y trabajar, ganar su propio dinero, obtener el reconocimiento de sus colegas, sentirse satisfechas con su labor… para llegar a casa y continuar encargándose de la cena, el lavado de la ropa y los deberes de sus hijos. De acuerdo a la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la tasa de participación de las mujeres en el mercado laboral en América Latina aumentó de 39% en 1990 a 52,4% en 2006. No obstante, el organismo calcula que las mujeres representan tan sólo el 40% de la población económicamente activa de las áreas urbanas.

Como toda ironía esta mirada caricaturesca de la tan famosa equidad de género tiene su cuota parte de verdad. Las mujeres deben compartir a diario dos facetas que a veces parecen contraponerse: ser trabajadora y ser mujer (que muchas veces puede significar ser mamá, pero no sólo), y por si fuera poco, ganar menos por ello.

Así y todo existen mujeres que han logrado hacerse un lugar, mantenerlo y lo que es mejor aún disfrutarlo (recordemos que éste último punto por insulso que parezca, es el que en buena medida preserva nuestra salud mental y afectiva).

Un ejemplo de esta experiencia es Erika Bernal-Corral, actual Gerente Regional de Marketing para el segmento de Anticoncepción Femenina de Bayer Schering Pharma. Su trabajo la pone en un avión con frecuencia. Entre otros países, se formó en México y Alemania, en la casa matriz de la firma. De hecho, durante su estancia en el país europeo nació su hijo. Bernal-Corral no siente haber postergado su mundo afectivo por el trabajo.

"Los sacrificios realizados son los mismos que los de cualquier otro compañero. Mi primer aprendizaje fue que en esta vida existen roles que se deben respetar y que el trabajo se enriquece por el perfil de las personas y no por si se trata de hombres o mujeres. (...) Así también he tenido la fortuna de contar con mi familia, amigos y pareja que siempre fueron un pilar en mi vida tanto profesional como personal". A diferencia de Bernal- Corral, la directora de Recursos Humanos de L´Oréal Uruguay, Rosario Barbagelata siente que "en cierta forma sí se sacrifica, simplemente una se acostumbra a poder aprovechar todos los momentos que tal vez sean menos que el de otras mujeres. Siempre me hago el espacio para concurrir por ejemplo, a una fiesta del colegio de mi hija. Una vez por una reunión no lo pude hacer y me olvidé, y mi hija hasta el día de hoy me lo recrimina (ríe). Soy bastante respetuosa de esos momentos míos", explica.

Cambiar el chip mental

Las mujeres que ocupan cargos de responsabilidad como una gerencia o dirección de departamento trabajan bastante más que ocho horas diarias. En teoría si el horario de salida es a las cinco, estas mujeres no quedan libres antes de las siete. Y he aquí, el mayor desafío: los malabares para articular las tareas de los diversos ámbitos. Las dos entrevistadas coinciden en que éste es una de las virtudes que mejor desarrollan las mujeres que trabajan fuera de casa.

"Cuando me voy de viaje, la preparación no es solamente la organización del material que tengo que llevar desde el punto de vista laboral, sino todo lo que dejo preparado en casa... las facturas que hay que pagar, los regalos que hay que comprar si alguien cumple años. Y por supuesto, nadie me hace la valija. Creo que la virtud de la gran mayoría de las mujeres que ocupamos cargos de responsabilidad es poder pasar de un tema a otro sin ningún tipo de problemas, sin abrumarnos por eso. Puedo estar discutiendo algo muy importante de trabajo y también definiendo qué se hace de comer o las cosas que tengo que comprar en el supermercado o quién va a buscar a mi hija. Esa tensión que la mujer pone en varios temas a la vez y que una desarrolla, es algo de nosotras y que en estos cargos se hace más evidente", cuenta Barbagelata. En este sentido Bernal- Corral agrega "(...) considero que una ventaja es el poder de la multifuncionalidad o como dicen los americanos "multitasking" , es decir, puedes estar en varios proyectos y temas a la vez sin perder las prioridades. Esto también me es de gran ayuda para combinar mi vida profesional con la familiar".

¿Existe un modo femenino de gerenciar, de ordenar, de delegar? ¿Qué pude aportarle la mirada femenina al universo del trabajo? Para Barbagelata, la percepción que una mujer puede tener del mundo de los negocios es de una introspección mayor a la de un hombre. Se trata de una cuestión de género, sostiene. Por su parte, Bernal- Corral hace énfasis en las motivaciones y en especial, en la que se convierten los hijos. "Siempre he disfrutado mucho de mi trabajo pero debo de decir que desde que soy madre lo disfruto aún mas. (...) No solo quieres darles estabilidad económica, también deseas ser para ellos un ejemplo a seguir, por lo que tu calidad en el trabajo se enfoca también en el valor humano y prestas más atención a tu equipo de trabajo como personas y no solo como colegas de trabajo". La balanza con la que mide sus logros Barbagelata también da positivo. "Me encanta mi trabajo, me gusta muchísimo trabajar con la gente, los desafíos, las cosas complicadas. Todo eso que le pone algo de estrés a la vida y que por otro lado nos llena de satisfacciones".

Ambas mujeres, como tantas otras, encuentran en su trabajo un ámbito donde realizarse, crecer, aprender de los errores. El sabor a los desafíos es lo que las seduce y lo que al final del día las convence de volver al siguiente. Eso sí, previa parada por sus casas donde juegan, hacen deberes y descansan del rol de jefas.

¿Cómo combinas tu trabajo con tus otras actividades? ¿Cuáles crees son los principales aportes que las mujeres le hacen hoy al mundo del trabajo? Déjanos tu comentario.

Permalink 18:45:22, por Arroba Mujer Email , 825 palabras, 155 views  
Categorias: Tiempo Libre

Mujercita audaz

Lo bueno viene en frasco pequeño. Eso se dice de los perfumes, pero no de las personas. Las gentes de corta estatura son simplemente seres bajos, o extraños enanos si la cosa se pone ofensiva. Parecen estar condenados a la mirada pública y a toda su crueldad. A pesar de su tamaño no pasan desapercibidos y despiertan en los hombres normales – ¿gigantes? -, sentimientos encontrados, que van desde la compasión hasta el rechazo, pasando por la burla y la ternura.

La vida de Espiridiona Cenda tuvo esto y más. Aquel otro dicho que afirma que la grandeza no tiene tamaño se ajusta perfecto a las andanzas de esta mujer cubana. Espiridiona o como todos la llamaban “Chiquita”, fue una artista que se hizo famosa en los teatros de vaudeville norteamericanos a principios del siglo pasado. El apodo, una exacta constatación de la realidad, se debió a su estatura. Chiquita medía tan sólo sesenta y seis centímetros. Sí, sesenta y seis.

Tal vez como estrategia de compensación o como forma de supervivencia, lo que la vida escatimó con ella en altura se lo dio en carácter. Tras un estrepitoso fracaso financiero Chiquita debió abandonar su Matanzas natal, ciudad ubicada al norte de la isla y trasladarse a Nueva York a fines del siglo XIX. Lejos de aplastarla como a un enano, la gran ciudad le hizo reverencia y la extraña mujer se volvió un atractivo fenómeno. “The doll lady” (la mujer muñeca por su traducción exacta o mejor aún la muñeca viviente), así logró que la llamaran.

Pequeña fiera

Chiquita” fue escrita por el periodista cubano Antonio Orlando Rodríguez y resultó ser la obra ganadora del Premio Alfaguara de Novela 2008. El libro es una suerte de biografía imaginaria de Espiridiona Cenda, personaje que existió en realidad. El autor explica que cada uno de los relatos que figuran en la novela fue cotejado con los registros de la época. Algunos son ciertos y otros, una suerte de reconstrucción fantasiosa de un hombre viejo que conoció a Chiquita y trabajó para ella.
Rodríguez conoció a este hombre por casualidad y tras los cuentos de la pequeña mujer, quedó fascinado con su historia. De modo que escritor y narrador se reunieron durante meses para rearmar la historia de aquella mujer liliputiense.

El jurado del galardón ha dicho que se trata de “una novela a la vez elegante y llena de vida, con una notable gracia narrativa y una imaginación sin descanso, que despliega, como una inmensa partitura de ejecución precisa, la época y la vida de un personaje extraordinario”.

Chiquita vivió a lo grande. Es decir que su vida estuvo muy bien aderezada. Sus primeros años los pasó comprendiendo su condición. Sus padres, Don Ignacio y Doña Cirenia no lograron pronosticar rápidamente el tamaño de su primogénita, pero no por ello dejaron de amarla. Tal vez para preservarla del escándalo, Chiquita no tuvo mayor contacto con la realidad hasta pasada la niñez. Cuanta pócima existía en la época y hasta leche de camello se cuenta que le dieron para ver si crecía, pero no hubo forma. Su cuerpito se empecinó en medir algo más que medio metro.

Por aquellos años Cuba se hundió cada vez más en la guerra contra los españoles por la liberación. La joven artista la vivió desde la orilla de enfrente. Luego de quedar en bancarrota decidió viajar a Estados Unidos a probar suerte. En el fondo sabía que tu talento no la condenaría a ser un fenómeno de circo. Ella era una cantante y bailarina y así la conocería el mundo.
Su carrera artística se consolidó en el teatro de variedad. En cada presentación el público quedaba atónito ante la pequeñez y docilidad de aquella muñequita. No por pequeña le faltó éxito y pasión. Tuvo su turbulenta vida amorosa. Por un tiempo tuvo hasta dos amantes en simultáneo, un periodista “normal” (de estatura al menos) y un liliputiense como ella.

La pequeña artista supo codearse con los personajes más influyentes y freaks de la época. La novela narra con especial detalle el carácter bravo de esta mujercita que supo abrirse paso en un mundo de gigantes.

Los desengaños amorosos, la época posterior a su esplendor, la intriga política de aquellos años y la vida secreta y cautivante del mundo artístico son relatados con especial minuciosidad por Rodríguez en esta novela. Ágil y llena de picardía, esta biografía es un relato que parece convertir al lector en la dama de compañía de esta mujer pequeña y poderosa.

¿Has leído el libro? Nos importa tu comentario.

13.05.08

Permalink 14:06:09, por Arroba Mujer Email , 896 palabras, 218 views  
Categorias: Mujeres con Hormonas

La loquita de Nueva York

En la alfombra roja no hubo mirada que se haya rehusado a verla. Captó la atención (o desazón) de sus colegas, sus fans, la prensa y los expertos. Rara vez queda fuera de los rankings de moda. Para algunos entendidos, es quizá la presidenta del club de las peores vestidas. En la entrega de los premios Oscar en 2003, Diane Keaton se presentó luciendo un smoking negro, camisa blanca, corbata al tono y un sombrero estilo hongo que dejaba ver tan sólo sus pequeños ojos detrás de sus lentes y sus arrugas sonrientes. Ese año, la actriz estaba nominada al mayor galardón que otorga la industria del cine por su papel en “Something’s Gotta Give” (“Alguien tiene que ceder” por su título en español). Quien crea que le dio importancia a lo que dijeron de su atuendo, se equivoca. Keaton no es de esas actrices que buscan el escándalo vistiéndose con aquello que los demás no esperan. Esta actriz de 62 años, soltera y madre adoptiva de dos hijos se da el gusto de ser como desea. A pesar o a favor de Hollywood. Tal vez por eso la adoren.

Diane nació en Los Ángeles, California, Estados Unidos, el 5 de enero de 1946 y no se apellida Keaton sino Hall. Adoptó el apellido de su madre, luego de trasladarse a Manhattan porque ya había registrada una actriz con ese nombre. Dicen que su vocación por la actuación se despertó luego de ver a su madre ganar un concurso para amas de casa.
Tras estudiar actuación dramática en el Neighborhood Playhouse en Nueva York, obtuvo en 1968 un papel secundario en la exitosa producción de Broadway “Hair”. Allí se volvió conocida por rehusarse a desnudarse cuando el cuerpo de baile quedaba mayoritariamente sin ropa.

En 1971 debutó en cine como Kay Adams, la novia de Michael Corleone (interpretado por Al Pacino) en la aclamada película “El Padrino” dirigida por Francis Ford Coppola. Ese mismo año audicionó y consiguió un papel en la producción de Woody Allen “Play it again, Sam” y fue así como inició una relación de pareja con el excéntrico director.

Más que la novia de Woody

Seis años más tarde, en 1977, ambos protagonizaron “Annie Hall”, una comedia romántica escrita y dirigida por Allen, que le valió el Oscar a mejor actriz. La película fue considerada por la crítica como una autobiografía de la relación entre la actriz y el director. De hecho Annie es el apodo con el que los amigos llaman a Diane y Hall es su verdadero apellido. La película convirtió a Keaton en un icono de la moda neoyorkina. Su estilo desalineado pero chic la convirtió en la mujer vanguardista. Vestía pantalones amplios, chalecos, corbatas, atuendos que sus pares empezaron a usar sin reparos. En 2003 el mundo fashion vio revivir ese look Annie Hall cuando se presentó a los premios de la Academia vestida con traje y sombrero.

En la década de los ochenta Keaton dio sus primeros pasos como directora y publicó su primer libro de fotografías. En 1991 junto a Steve Martin le dio vida a un éxito: ““Father of the Bride” (El padre de la novia) y participó en “El Padrino III” (también lo había hecho en la segunda parte).
Pero el gran éxito desde mediados de los noventa le llegó en 2003 cuando protagonizó junto a Jack Nicholson “Someting’s Gotta Give”, una comedia que con humor maravilloso narra la historia de una mujer que se enamora del novio de su hija, que es mucho mayor que ella. En esta película Keaton se animó a hacer un desnudo. Pero no un desnudo sexy sino uno muy patético, fruto de una confusión que se produce entre los dos protagonistas. Completamente sin ropa Keaton grita y trata de taparse con las manos (por cierto, es uno de los momentos imperdibles de la película).
En 2007 nuevamente volvió a la comedia en “Because I said So” (“Porque yo lo digo”), donde encarna otra vez al personaje de madre cool que tan bien le sale. Junto a la joven actriz y cantante Mady Moore y Lauren Graham, le dan vida a una familia de mujeres que buscan a los hombres de su vida y deben superar la aprobación de una madre un poco especial.

Al igual que otras estrellas de Hollywood, Keaton tiene sus propias excentricidades. Pero éstas a veces son incomprensibles para sus compañeros del show. No busca compañía para los falshes. Si bien ha tenido sus amores, actualmente se concentra en dos, muy especiales, Dexter y Duke, sus dos hijos adoptivos. No luce sofisticada ni señora. Muy por el contrario, lo suyo son los pantalones cómodos. No se la suele encontrar haciendo shopping en alguna capital europea; en su tiempo libre prefiere trabajar como restauradora de casas y edificios. Pero su mayor extravagancia para los tiempos modernos, es que a sus 62 años, se opone a las cirugías. Tal vez por eso, siga siendo un placer verla en la pantalla, auténtica, siempre como nerviosa, haciendo sonreír a sus arrugas.

¿Has visto alguna película en la que trabajó Diane Keaton? ¿Cuál es tu personaje preferido?

Permalink 13:58:33, por Arroba Mujer Email , 860 palabras, 552 views  
Categorias: Sexo

Mi marido: ¿mi amante? ¿mi hermano?

¿Es posible desear lo que ya se tiene? ¿Cómo se mantiene el interés por aquello a lo que ya estamos acostumbrados? De existir una receta que dijera cómo descongelar la pasión y servirla en la mesa, muchos hombres y mujeres descubrirían un nuevo sabor que sólo se cocina en la adultez.

Se suele creer que la sexualidad de las parejas se añeja o directamente se extingue con los años. El deseo, la complicidad, el flirteo poco a poco pierden terreno y la rutina – sí, la malvada rutina -, le quita sentido a lo que cotidianamente nos esforzamos por construir. Así, sin querer dar cuenta y frente a la propia nariz, los esposos se vuelven… ¿hermanos?, ¿compañeros?, ¿¡amigos de la vida!?
Si éste es el único final posible de la historia, eso explica por qué tantos adultos deciden separarse y comenzar de nuevo. Volver a una suerte de segunda adolescencia para sentir otra vez, aquellas mariposas en el estómago.

Las parejas de años se vuelven estables de algún modo. Se cristalizan y se hacen fuertes o logran maquillar las fisuras y aparentar a fin de cuentas la misma solidez. A esa altura de la vida, el otro ya no es alguien a quién descubrir, a quien conquistar. Digámoslo sin rodeos, uno termina acostumbrándose. Y el primer síntoma que denota aburrimiento es la indiferencia: “no se dio cuenta que me corté el pelo; se olvidó de nuestro aniversario; ya no le gusto como antes”. Y todas las mujeres sabemos que la indiferencia es el peor de los castigos.

En esta etapa influyen diversos factores. Uno de ellos, tal vez no el que consideramos primero, es “el factor hormonal vinculado a la caída de la función ovárica” explica el médico y sexólogo uruguayo Carlos Lueiro. La transformación hormonal propia de las mujeres adultas posmenopáusicas tiene resonancias en el universo afectivo y en consecuencia también en el sexual. Ya no se tiene el cuerpo de los 20 años, ni el deseo intacto. La atracción, la búsqueda del otro en la intimidad también se ve influenciada por “factores psicológicos tales como el estrés, el cansancio, las preocupaciones familiares”, agrega Lueiro. Muchas parejas desde hace años no saben lo que es estar solos. Los hijos y luego los primeros nietos son una suerte de maravillosa interferencia en la intimidad.
Pero a estas variables hay que sumarle una cuestión de actitud, de cabeza, de la que muchas mujeres son esclavas. Aquello de “ya estoy grande para estar seduciendo” o “no tengo edad para renovar el deseo”.

Recuperar la intimidad

El amor y la pasión no son dos polos irreconciliables. La estabilidad y el riesgo se pueden combinar con un poco de empeño. No todas las relaciones de pareja por ser amorosas y compañeras se transformarán inevitablemente en monótonas y predecibles. La psicóloga belga Esther Perel cree que la salud erótica de una pareja se sostiene en la tensión entre el anhelo por alguien y su posesión. En su libro “Mating in captivity” (“La inteligencia erótica” por su título en español) explica que es examinando esta puja que se logra resignificar la monogamia en el siglo XXI. Hay que darse y hacerse espacio, sostiene. Recuperar ámbitos propios de disfrute y generar otros de a dos, pero de vez en cuando ¡lejos de los hijos! ¿De qué recuperación del deseo estamos hablando si cualquier atisbo de fantasía erótica es aniquilada por la palabra “mamá”?

Se trata de eso en verdad, de un juego de estrategia. El deseo no se mantiene ni se aviva por sí solo. Hay que alejar la rutina y aderezar lo cotidiano. Y para ello mujeres, hay un sin fin de herramientas: una cena romántica, un rato menos en el trabajo, producirse aunque no se vaya a salir a ninguna parte, una charla sin prisa, un fin de semana apasionado lejos de casa. Lueiro propone primero “ejercicios de focalización sensorial grado uno, es decir, caricias corporales con exclusión de genitales y con posterioridad, si esto no generó dificultades, la focalización sensorial tipo dos; caricias corporales que incluyen el área genital”, agrega.

Una vez tomada la decisión de querer reactivar la pareja, más de la mitad ya está hecho. De modo que el primer paso es darse cuenta de lo que sucede puertas adentro y lo segundo, hacerse espacio (tiempo de veras) para ver qué alternativas se pueden poner en práctica. Quizá una buena forma de verlo sea la siguiente: después de tantos años de convivencia, el deseo, el juego, pueden resurgir, no como el la juventud, tal vez mejor. Después de todo, la madurez trae consigo también sus cosas positivas como la experiencia, la estabilidad, el compañerismo con quien hemos elegido compartir la vida.

¿El deseo y el erotismo con tu pareja se han visto influidas por la rutina?, ¿Te sientes una mujer seductora? Nos interesa tu comentario.

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